Jorobado de notre dame personajes

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Jorobado de notre dame personajes

The black cauldron

El ojo de Quasimodo centelleó. Era la bohemia a la que había intentado raptar la noche anterior, fechoría por la que comprendía vagamente que estaba sufriendo aquel castigo, lo que, por otra parte, no era cierto ni mucho menos, pues se le estaba juzgando por la desgracia de ser sordo y por haber sido juzgado por un sordo. Estaba seguro de que también ella había venido para vengarse y darle, como hacían los otros, su golpe correspondiente. […]
Ella, sin decir una sola palabra, se aproximó al reo, que se retorcía en vano para librarse de ella, y soltando una calabaza que a guisa de recipiente tenía atada a la cintura, la acercó muy despacio a los labios áridos del desdichado.
Entonces, de aquel ojo tan seco y encendido hasta entonces, se vio desprenderse una lágrima que fue lentamente deslizándose por aquel rostro deforme y contraído hacía ya mucho rato por la desesperación.
Charmoule y los verdugos y toda la escolta se quedaron atónitos. En el recinto de Notre Dame, la condenada era, en efecto, inviolable, pues la catedral era un lugar de asilo y toda la justicia humana expiraba en sus umbrales.

el jorobado de notre dame

El ojo de Quasimodo centelleó. Era la bohemia a la que había intentado raptar la noche anterior, fechoría por la que comprendía vagamente que estaba sufriendo aquel castigo, lo que, por otra parte, no era cierto ni mucho menos, pues se le estaba juzgando por la desgracia de ser sordo y por haber sido juzgado por un sordo. Estaba seguro de que también ella había venido para vengarse y darle, como hacían los otros, su golpe correspondiente. […]
Ella, sin decir una sola palabra, se aproximó al reo, que se retorcía en vano para librarse de ella, y soltando una calabaza que a guisa de recipiente tenía atada a la cintura, la acercó muy despacio a los labios áridos del desdichado.
Entonces, de aquel ojo tan seco y encendido hasta entonces, se vio desprenderse una lágrima que fue lentamente deslizándose por aquel rostro deforme y contraído hacía ya mucho rato por la desesperación.
Charmoule y los verdugos y toda la escolta se quedaron atónitos. En el recinto de Notre Dame, la condenada era, en efecto, inviolable, pues la catedral era un lugar de asilo y toda la justicia humana expiraba en sus umbrales.

the hunchback of notre d…

Al mismo tiempo, Febo descubre a Esmeralda disfrazada de un viejo con su cabra mascota Djali entrando a la catedral para esconderse. Una vez adentro, comienza a acercarse para intentar entablar una conversación. Pero ella, pensando que va a intentar arrestarla, trata de defenderse. Para su sorpresa, Febo le dice que no puede arrestarla mientras esté en la iglesia, y al mismo tiempo le demuestra estar interesado en ella. Esmeralda se da cuenta entonces de que no tiene malas intenciones contra ella; pero son interrumpidos por Frollo y sus soldados dispuestos a arrestarla. Febo, para salvarla, le dice que ella pidió asilo y que no puede hacer nada. Frollo, decidido a quebrantar esa ley, es detenido por el Archidiácono quién le recuerda una vez más su obligación (forzosa) de respetar la santidad de la iglesia.
Quasimodo alcanza a Febo y le habla del amuleto que le regaló Esmeralda. Juntos tratan de descifrarlo y finalmente descubren que es un mapa que los lleva al cementerio. Allí encuentran una tumba que en realidad es una puerta secreta y bajan por ella hacia unos pasadizos subterráneos. Sin embargo son apresados por los gitanos pensando que son espías de Frollo para capturarlos, por lo que en un rápido juicio los condenan a la horca por haber hallado La Corte de los Milagros. Pero Esmeralda logra interferir a tiempo, y ellos los previenen de los planes de Frollo. Para su desgracia, justo cuando los gitanos comienzan a guardar sus cosas para escapar, Frollo y sus hombres irrumpen en la guarida, y Frollo agradece frente a todos a Quasimodo su ayuda para encontrar la Corte. Así, condena a todos (incluido Febo) a la hoguera, y ordena que a Quasimodo se lo encadene en el campanario.

jorobado de notre dame real

El ojo de Quasimodo centelleó. Era la bohemia a la que había intentado raptar la noche anterior, fechoría por la que comprendía vagamente que estaba sufriendo aquel castigo, lo que, por otra parte, no era cierto ni mucho menos, pues se le estaba juzgando por la desgracia de ser sordo y por haber sido juzgado por un sordo. Estaba seguro de que también ella había venido para vengarse y darle, como hacían los otros, su golpe correspondiente. […]
Ella, sin decir una sola palabra, se aproximó al reo, que se retorcía en vano para librarse de ella, y soltando una calabaza que a guisa de recipiente tenía atada a la cintura, la acercó muy despacio a los labios áridos del desdichado.
Entonces, de aquel ojo tan seco y encendido hasta entonces, se vio desprenderse una lágrima que fue lentamente deslizándose por aquel rostro deforme y contraído hacía ya mucho rato por la desesperación.
Charmoule y los verdugos y toda la escolta se quedaron atónitos. En el recinto de Notre Dame, la condenada era, en efecto, inviolable, pues la catedral era un lugar de asilo y toda la justicia humana expiraba en sus umbrales.

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